Andrés Rueda

Publicado por Pedro López Ávila el Viernes, 23 de Julio de 2010

Andrés Rueda Nace en Piedrahita  (Ávila) en 1956. Desde muy joven se siente profundamente atraído por la pintura impresionista y, desde pintor en las calles, se va abriendo camino hasta exponer en galerías como Galería Hanson (California), Galerie Lauswolf (Holanda), Hanson Gallery (U.S.A.), Eboli  (Madrid), Sala Braulio( Castellón) etc..Hasta llegar a una dimensión de ser reconocido como uno de los mejores pintores impresionistas de nuestra época. Su obra se encuentra distribuida por España, Alemania, Argentina, Francia Luxemburgo y Londres entre grandes coleccionistas de arte.

Cuando Renoir llegó a decir que el objeto de un cuadro consistía simplemente en decorar una pared y por eso era importante que los colores fueran importantes por sí mismos, no era sino el reconocimiento del carácter marcadamente hedonista de la pintura impresionista.

No era sino encender el pincel en el lienzo de tantos ilustres pintores que nos ha dado desde entonces la historia del arte y que emerge hasta nuestros días, llevado con una fidelidad exquisita por Andrés Rueda.

Antes bien, no se debería hablar de pintura impresionista sin que la memoria visite uno de los principales elementos suministrador de datos para este movimiento: la aparición de la cámara fotográfica y la influencia en su desarrollo.

Desde la época de Renoir, Monet , Pissarro o Sisley, entre otros, hasta nuestros días el avance de las técnicas de la reproducción de imágenes ha sido vertiginosa y de las que han hecho uso todos los pintores hasta nuestros días, y como buen impresionista (en las más de las veces), neoimpresionista o posimpresionista en otras, Andrés Rueda ha conseguido un uso magistral de las mismas.

Con esto no quiero decir que Andrés no observe el paisaje, con sus colores, el momento de luz, más allá de las formas que subyacen sobre él, su luminosidad, los colores que rodean a los colores con su poder evocador (de sensaciones, vivencias y recuerdos), los contrastes o los objetos de la naturaleza, no en su corporeidad, sino en la disolución cromática que provoca en ellos la luz, el sol y el aire, hasta llegar a encontrar en su obra algunos aspectos del puntillismo.

La mirada de Andrés Rueda penetra en la Naturaleza, en el paisaje urbano o agreste, los fotografía y, tras un elaborado proceso informático, los contornos se disuelven en medio de la niebla y de la pesada atmósfera que tan sensiblemente ha sabido captar, de tal suerte, que la cúpula de la Catedral de San Marcos nunca ocuparía un lugar secundario en una pintura figurativa.

Utilizando una pincelada decididamente suelta y rota, pone especial énfasis en los acentos de luz que se reflejan en el agua para captar el centelleo y los efectos de esa luz y, con un leve, pero poderoso velo unifica la escena.

La destrucción de las formas las lleva a un sutil juego del agua con las nubes o las flores desparramadas de los jarrones o las mañanas de niebla, disgregando el perímetro de los objetos, en un lírico intento de llevar una fiesta de luz y de color (de colores puros con frecuencia). De ahí que en su pintura haya más de sentimiento que de academicismo y de ahí, también, que se encuentre siempre rodeado de poetas, porque su pintura es poesía misma.

Pedro López Ávila

BIENVENIDOS A GALERÍA DE ARTE LA ZUBIA

Publicado por Pedro López Ávila el Jueves, 22 de Julio de 2010

Próxima apertura: 8 de septiembre de 2010

A veces,  detrás de un monitor, detrás de un ordenador detrás de una distancia que borra la última línea del horizonte encontramos sólo humo; otras veces, todos los destinos posibles e imposibles y, pensándolo bien, todo lo inesperado, lo que nunca habríamos imaginado mientras barajamos nuestros días.

Digo esto, porque un día del mes de diciembre de 2009 me encontré casualmente, detrás de mi monitor con unos cuadros de un pintor impresionista, llamado Andrés Rueda que iluminaron mis sentidos como un beso de abedul flotando en plata.

Por estas cosas que tiene Internet, entré en contacto con él y le adquirí dos cuadros. Fue el inicio de correos que iban y venían, de algunos poemas con los que acompañaba a sus cuadros, al igual que lo hacían excelentes poemas de otras poetas que tuve la oportunidad de conocer y de una amistad que culminó con su llegada a Granada,  desde Segovia, para instalarse y residir aquí, nunca sabré si de forma definitiva ( cosa de pintores).

Cuando ya daba por concluida cualquier tipo de actividad, que no fuera otra cosa que la lectura, algo de deporte y la creación literaria aparece Andrés Rueda con su energía creadora, su enorme vitalidad y su contagioso optimismo para inundar de luz y color una nueva Galería de Arte, que llevará el nombre de GALERIA DE ARTE LA ZUBIA, que, lógicamente ,regentará mi mujer como la conquista de una ilusión, y en la que yo intentaré poner cautela ante los delicados momentos por los que atraviesa el mundo del arte.

Porque, cuando  todo parece que la esperanza era tan sólo de ayer, cuando todo parece que las fechas tan sólo anuncian la debilidad del mercado del arte y tan sólo  muy pocos  artistas se ven recompensados por premios, y cuando el mecenazgo  traza un signo inequívoco de huida , he aquí, que un pueblecito, a tiro de piedra Granada, que destaca por su vocación cultural, abre sus puertas a una Galería de Arte que recibe el nombre de su pueblo “GALERÍA DE ARTE LA ZUBIA”.

Un signo de ilusión, un refugio del pincel,  en momento difíciles, que invadirá sus paredes en un reto de luz y silencio en el que cada gesto, en el que cada mirada, en el que cada calle, en el que cada paisaje, en el que cada perol,  en el que cada cristal, el color se arroje sobre la sangre e inunde al alma para posarse más allá de la fantasía.

No pretendemos reptar por las paredes a través de la luz y el color, con un sentido estrictamente mercante, sino aportar un ramillete de gozo, alimentando miradas; no pretendemos descubrir un mundo al que nadie nos ha invitado, sino que miles de ojos contemplen lo que ignoran desde el silencio y el misterio; como tampoco pretendemos ser un mensaje de pánico a la torre del lienzo, sino una rendija por donde circulen los sueños de artistas abocados al olvido.

Partimos desde la más sincera humildad, como un lugar de encuentro del mundo del arte y la cultura, partimos como náufragos, sin la calma que proporciona el mercado, en una situación, digámoslo ya, de tempestades económicas y financieras, pero envueltos en una ola de pasión que nos conducirá a no se sabe dónde.

Pedro López Ávila

ANDRÉS RUEDA Y YO

Publicado por Pedro López Ávila el Domingo, 20 de Junio de 2010

A cualquiera que le digan que Andrés Rueda ya reside en Granada le pueden sobrevenir ideas muy dispares, pero puede que casi todas las relacionen como un alivio ocasional de huir del deudor más peligroso con el que nos enfrentamos todos los días al oír o leer las primeras noticias de cada mañana: El desánimo

Una mañana del mes de mayo, habíamos acordado previamente que vendría a visitarme a Granada y me traería algunos cuadros –entre ellos el de la Alhambra-  que tanto ha rodado por media España, pues era intención suya instalarse en Valencia.

Me comentaba Andrés que sus características psicológicas e incluso morfológicas se adaptaban mucho mejor al clima mediterráneo que a las tierras de Castilla, no por nada, sino porque necesitaba otro tipo de luz, a la vez que me mostraba, con cierta insistencia, el color de su piel,  como si me quisiera decir que sus antecesores genéticos provenían del Mediterráneo y necesitara un aire distinto para respirar de otra manera nuevas brisas que impregnaran sus colores.

Era un domingo un poco complejo para mí, cuando recibí su llamada, pues tenía a un familiar que acababan de hospitalizar, mi mujer estaba realizando un curso, había dejado las llaves dentro de casa , yo que sé, uno de esos días que nos arrastran a que confundamos la tragedia con el desconcierto del momento.

Pero,  a lo que íbamos, llegó Andrés, acompañado de Stella, y con un cargamento de cuadros, dado que su pintura me había envenenado, y yo le había comentado la posibilidad de poner una galería  de arte, fundamentalmente con sus pinturas;  tapeamos ese día y lo dejé en el hotel, con su linda compañera, por si tenía que formalizar otros menesteres (Andrés es muy menesteroso).

Digamos, de paso, que no se trataba de una galería  al uso, sino comprendida como encuentro entre artistas, recitales de poesía, de música dulce, escenificaciones,  y un sinfín de actividades en el que se llegara a realizar una coexistencia   pacífica entre los tertulianos, oyentes o admiradores del arte  y el tiempo; de tal suerte que sus moradores no se sintieran perseguidos por el tiempo, ni que estos huyeran de él.

Al día siguiente , en la mañana, paseamos un poquito por la ciudad, el casco antiguo, y por la tarde se marchó con su compañera a la Alhambra.

A los pocos días, recibo una llamada suya llena de alborozo  diciéndome: ¡vecino, ya somos vecinos! NO me lo podía creer. Había alquilado una casa a cincuenta metros de la galería y esta misma noche me escribe un correo, diciéndome que se está “hincando” unas alitas de pollo con un buen ribera,  mientras contempla desde la terraza de su estudio los últimos restos de nieve en Sierra Nevada.

Estoy seguro que su patria es su nuevo domicilio, que no se habrá despedido de buenos amigos y amigas (como algún otro día no se despedirá de mí), que sus proyectos no tienen prisa, sino que son recortes de azar de los disparates de la vida de los artistas, surgen de forma inesperada. pero en ese corazón errante late un espíritu zarandeado por sueños que nunca llegaron a su destino. MI DESEO, ANDRÉS, ES QUE  EN ESTA NUEVA ETAPA DE TU VIDA, AL MENOS, TUS BÚSQUEDAS SE ROCEN CON TUS HALLAZGOS.

Germán Aracil

Publicado por Pedro López Ávila el Viernes, 28 de Mayo de 2010

 

En un día cualquiera, entré en una galería de arte y mi alma quedó quebrada en un cuadro, era un desnudo, y por esas cosas que tiene el azar, allí se encontraba el autor; me lo presentaron, se trataba de Germán Aracil , sus manos detenidas encendieron la memoria y en un grito de silencio pensé en el gran poeta y filosofo trascendentalista  Emerson: “el hombre no es más que la mitad de si mismo, la otra mitad es su expresión”.

Adquirí el cuadro, cómo no, y desde aquel momento quedé atrapado a su pintura como un náufrago en la noche sujeto a un remo de pintura; porque no había duda, aquello que es elemental para llamarse profesionalmente pintor, Germán Aracil lo poseía:  líneas trazadas con firmeza, formas inteligentemente contorneadas, y las relaciones entre la intensidad de la luz y el valor de las sombras que proyectan la forma total en singular, entre armónicos acordes cromáticos,  quedaban resueltos con aparente sencillez.

A veces, es el color de la piel con toda su lujuria el que exulta  los sentidos;  otras veces, los medios tonos elaborados endiabladamente; otras veces, es la luz la que dora todo el cuadro en una luminosidad confortante; otras veces, es el rojo o el azul, con estampados blancos, de delicadas prendas femeninas muy sugerentes,  confieren a su obra una lírica plástica con mano firme y segura. Sus fondos son un sigilo de aire en sus dedos.

Secuencias figurativas, fundamentalmente femeninas, así como una contenida emoción ante el bronce de la carne como protagonista de sus caras o de sus torsos, invaden la atmósfera  de un aire ingrávido y sugestivo, cuyo resultado, no es otra cosa, que la armonía de colores,  sincronizados en la consecución de la forma en plenitud.

Pero,  es que además , Germán Aracil escudriña los rincones más recónditos del alma, buceando siempre de adentro a afuera, para que en la expresión de los rostros o del cuerpo contemplemos  figuras cautivas de miradas potenciadas de intimismo, que aumentan la sensación de realidad, y poder expresar (con un hilo finísimo) la ternura, el sufrimiento, la tristeza o la lejanía en la mirada; aceptación del paso del tiempo,  el veneno de la piel desnuda, el silencio de los ojos o, quizás, la belleza de las rosas solitarias.

En definitiva, Germán Aracil, se sumerge en lo adormecido del ser humano y nos revela la magia  de lo desconocido a través de sus pinturas, pintura académica, en algún caso, pero nada empalagosa, pues la buena mano del oficio se deja ver en la soltura de la perspectiva dibujada y en la limpieza de sus colores, para interpretar contenidos objetivos desde una refinada subjetividad.

HACIA OTRO ESCENARIO

Publicado por Pedro López Ávila el Sábado, 27 de Marzo de 2010

Te retiré el beso, porque no tenía

porvenir, porque tus hábitos

desleían mis sentimientos

como si nunca hubiera tenido

unos labios crédulos merecedores

de otro final, al juntar los años.

Te retiré los ojos, porque entre tu mirada

y la mía se trazaba una espada

que subvertía los cipreses de siempre

como si nunca hubiera tenido

una mirada cómplice con tu felicidad,

merecedora de otro final, al juntar los años.

Te retiré la voz, porque en lo incierto

no cabe la duda, aunque quepa el perdón

subtendido en un trágico horizonte

como si nunca hubiera tenido

palabras, desde un gemebundo amor,

merecedoras de otro final, al juntar los años.

Te retiré mis manos, porque estaban

cansadas de rubores culpables,

al ver colgada tu carne del alma

como si nunca hubiera tenido

los dedos enredados entre las rosas,

merecedores de otro final, al juntar los años.

Te retiré, desolado, mi presencia,

porque entre la tuya y la mía

se agotaba el silencio en un solo instante

como si nunca hubiera tenido

un poema de sonoros reflejos de pájaros,

merecedor de otro final, al juntar los años

Ahora mi horario corre hacia la certeza

y se enlaza mi dolor a tu dolor,

donde se mueren las mariposas,

en la búsqueda de una nube juguetona,

en un escenario impreciso de tiempo.

donde sólo la muerte atrapará mis penas.

De “juego peligroso”. Ed. Alhulia

CUANDO SE PIERDE AL AMOR

Publicado por Pedro López Ávila el Sábado, 27 de Marzo de 2010

Necesito un notario que me diga

que todo es correcto, que las ausencias

son para siempre; que dé fe

de que el atardecer se ha llevado a cabo,

de que las promesas rompen el hábito,

de que antes de nacer era nada

y de que la vida puntual y silenciosa

me devolverá mi nada;

de que llegará la nieve a mis manos

y de que el eco del mar es una caracola.

Necesito muchos notarios que den fe

de que es humano tapar un error

con otro error para consolar la pena,

en la elipsis de la lógica,

y de que escondemos las lágrimas

detrás de las palabras.

Necesito todos los notarios de la tierra

para que den fe

de lo difícil que se me hace escarbar

el lenguaje sin nombrarte,

porque los pájaros reafirman

el recuerdo. Sobre todo que digan:

“Ella te amaba”. Eso es Todo.

De  “Juego Peligroso”. Ed. Alhulia

Poesía y Pintura de Pedro López Ávila y Andrés Rueda (V parte)

Publicado por Pedro López Ávila el Viernes, 19 de Marzo de 2010

LA DESPEDIDA – Diario de un cuadro (Andrés Rueda)

Por fin he terminado, y me siento ligeramente satisfecho, pues creo que aun podría hacerse algo mas…como no estoy seguro lo dejo.

ANDRÉS  JUNTO A SU OBRA

Poesía y Pintura de Pedro López Ávila y Andrés Rueda (IV parte)

Publicado por Pedro López Ávila el Jueves, 18 de Marzo de 2010

LA ALHAMBRA (Pedro López Ávila)

Que en árabe significa la Roja, debido al color de sus murallas, es el monumento que identifica la ciudad, es el símbolo de Granada, en cualquier rincón del planeta y admirada por gentes de otros países, entre otras razones, por ser el único conjunto palatino árabe de la Edad Media que queda en el mundo, incluidos los países árabes.

Las primeras construcciones que hubo en la Alhambra fueron de tipo defensivo, y se sitúan entre los siglos IX y XIII. Por esto es explicable que Muhammad I se instalara allí, porque además de su buena situación estratégica, dominaba la ciudad con una amplia vista hacia la vega, y aunque ya existían edificaciones, él las sustituyó por otras mayores y más sólidas, “la Alcazaba”, llevó hasta allí el agua, construyendo para ello la “Acequia Real” y comenzó a trazar los planos de lo que sería “la Casa Real” y establecer allí su residencia, dejando los antiguos palacios del Albaicín. Así nació LA ALHAMBRA.

Decía el Profesor arabista, Emilio García Gómez: “la Alhambra ha perdurado, porque siempre ha seguido viviendo, y ha seguido siempre viviendo, porque siempre ha sido amada”

Cuando se conoce que la construcción está realizada con materiales muy frágiles, barro, yeso y cal (excepto las columnas y los suelos de algunas salas, que son de mármol), parece casi milagroso que la edificación se mantenga en pie y, en algunos casos, prácticamente incólume, tanto en sus torres cuanto en sus palacios.

Y es que la Alhambra ha estado casi siempre habitada, por supuesto, uno de sus primeros moradores fue Carlos V (cuyo palacio aparece justo detrás de la torre de Comares en la pintura de Andrés Rueda), y según Camilo Álvarez de Morales estuvo habitada durante muchos años por quienes aprovecharon la poca vigilancia de las autoridades.

Todo esto, permitió que los albañiles repararan deterioros, los estuquistas rehicieran adornos e inscripciones o que  los carpinteros arreglarán algunos maderos.

Sólo de esta manera consiguieron que la Alhambra siguiera viva hasta nuestros días. De ahí que volvamos sobre las palabras del Profesor García Gómez: “con ellos la Alhambra renovó sus células, como los fisiólogos dicen que cada equis años lo hace el cuerpo humano”.

Ahora, Andrés, en este tiempo detenido en el monumento, te toca para que la mano de tu pincel, guiada por la emoción y el sentimiento, lleven la magia de la Alhambra hacia tu lienzo. Menudo desafío.

Con mis mejores augurios, recibe un fuerte abrazo.

Poesía y Pintura de Pedro López Ávila y Andrés Rueda (III parte)

Publicado por Pedro López Ávila el Miércoles, 17 de Marzo de 2010

COLORES DE LA ALHAMBRA (Andrés Rueda)

Mi trabajo es establecer cierto orden en estos tonos anaranjados , a la vez que blancos y azulados, ya que la composición es nocturna.
A continuación desarrollo un poco el estudio realizado por Julio Juste en el 2005. sobre los tonos de la Alhambra.

De siempre se dijo que la Alhambra era de color rojo bermejo o de castillo, sin embargo en estudios realizados hace unos años se demostró que era Naranja con mas de un 50% de croma.

Esto es debido a los rasgos de rojos y amarillos que están presentes por toda la edificacion. Teniendo en cuenta que la montaña en que esta situada tiene cientos de tonos narajas y marrones , debidos a la mezcla con tonos negros.

Además, del naranja del tapial, la Alhambra también es blanca, al dotar de una capa de cal las caras internas de las cajas del encofrado (calicostrado). En la actualidad, ha adquirido un halo rosáceo, quizá por contaminación de las oleadas de la calima sahariana.

La presencia del naranja es de tal magnitud, que aparece esmaltando todos los elementos pétreos existentes en el exterior, de otra naturaleza cromática en origen, estableciendo una unidad coral ficticia, como queriendo armonizar el conjunto en relación al origen de la propia colina y sus arcillas; como si se tratara, en realidad, de un trabajo de camuflaje.

A todos estos tonos tendré que añadir los verdes de toda la expledida vegetacion, el azul del cielo, y el plateado de Sierra Nevada.

En esta mezcla de colores fríos y cálidos esta entonada la primera sesión que insinúa las formas del cuadro….sigo disfrutando y un tanto exagerado en mi manera de trabajar moviendome por la superficie del lienzo como un poseso… será que me he tomado dos cafés?

Andrés Rueda

Poesía y Pintura de Pedro López Ávila y Andrés Rueda (II parte)

Publicado por Pedro López Ávila el Viernes, 12 de Marzo de 2010

LA CÁMARA OSCURA (Pedro López Ávila)

Si uno comienza a tirar del hilo descubre que las mejores obras de arte de la historia han sido, son y serán creadas en los estudios.

Parecería, poco menos que imposible, a menos que fuéramos eternos, que un pintor pudiera tener el don de estar horas y horas delante del objeto que quiere representar si no fuera por la ayuda de herramientas, que han sido claves en la historia del arte pictórico.

Hoy, Andrés, voy a iniciarme en esta aventura del cuadro que me estás pintando, comentando la importante aportación que supuso el descubrimiento de la cámara oscura.

“Digo que si frente a un edificio o cualquier espacio abierto, iluminado por el sol, tiene una vivienda frente al mismo, y que en la fachada que se enfrenta al sol se hace una abertura redonda y pequeña, todos los objetos iluminados proyectarán sus imágenes a través de ese orificio y serán visibles dentro de la vivienda sobre la pared opuesta, que deberá ser blanca y allí estarán invertidos”. Leonardo Da Vinci (1452-1519).

Ya Aristóteles observó que los elementos constitutivos de la luz se trasladaban de los objetos al ojo del observador con un movimiento ondulatorio y para demostrar su teoría construyó la primera cámara oscura de la que se tiene conocimiento.

La cámara oscura renacentista tenía las dimensiones de una habitación, cuya única fuente de luz era un minúsculo orificio en una de las paredes.

Con posterioridad (S. XVI), al diminuto orificio se le antepuso una lupa y con ella se obtuvo mayor nitidez y luminosidad en la imagen: Era la semilla que germinaría, tras dilatadas experimentaciones, en la primera fotografía conservada de la historia que data en 1827.

Desde este año hasta la actualidad el avance de las nuevas tecnologías ha sido rabiosamente vertiginoso, de las cuales no es ajeno Andrés Rueda, como hombre de nuestro tiempo.

Reinventándose a sí mismo diariamente, con los inimaginables recursos que le proporciona el avance científico para pintar sus cuadros, además de la realidad material de sus pigmentos, pero siempre en la búsqueda de una misteriosa luz y color, que está, pero los demás no alcanzamos a ver, para conseguir efectos que parecen alimentar la savia, el aire o la humedad de sus paisajes.

No es, por tanto, el caprichoso deseo de poseer un cuadro del amigo Andrés lo que me guía a hacerle este encargo, sino el dejarme vagar entre sueños, contemplando en todo su esplendor el misterio desde mi casa.

Adelante compañero.

Pedro López Ávila

Hoy sigo dando el fondo, con geles densos teñidos de grisáceos, azulados, ya empiezan a salir texturas irregulares que voy buscando.

Andrés Rueda.

Sobre el autor

Pedro-Lopez-Avila

Pedro López Ávila

Pedro López Ávila, nace en Granada en 1952, consigue la plaza de Profesor de Bachillerato en la especialidad de Lengua y Literatura Españolas en el año 1979 y con posterioridad la cátedra en la misma especialidad. Ha ejercido como Jefe de Departamento durante 11 años y ha ocupado distintos cargos directivos, relacionados con la docencia en la administración pública, ha sido fundador de varias entidades privadas para el acceso a la función pública docente, ha coordinado múltiples actos literarios, ha presentado a poetas, narradores, articulistas y ensayistas de la actualidad, ha dirigido talleres de poesía y teatro y forma parte del equipo de redacción de la revista de letras Ficciones. Ha publicado dos poemarios: Amanecer en la palabra (2008) y Juego Peligroso (2009) en Editorial Alhulia.